NO SEAS PARDILLO

Desde siempre han existido las falsas noticias. Ahora ya que se le ha puesto un nombre en inglés “fake news” parece que ha surgido un nuevo fenómeno universal, cuando estamos hablando de algo tan antiguo como la Humanidad. Lo que resulta novedoso es que la información falsa corra a la velocidad de la luz a través de Internet. También es novedoso que haya tanta gente dispuesta a creerse todo lo que ve o lee en los medios digitales. Es tanta la abundancia que ya no sabes ni donde lo has leído… pero te lo has creído.

Desde la antigüedad han existido mentiras, bulos, engaños, falsedades que se han utilizado como herramienta para dañar a alguien. Los romanos desacreditaban a los cristianos diciendo que practicaban el canibalismo; en la Edad Media existían los libelos de sangre para culpar a los judíos; el descubrimiento de América sirvió para desacreditar a los españoles y así también la leyenda negra de Felipe II, la propaganda nazi, las exageraciones que provocó la guerra fría hasta llegar a Trump y Putin.

El problema no es la mentira en sí. Lo preocupante es que haya mucha gente que se lo crea porque pone de manifiesto que hay mucha desinformación, iletrados, analfabetos que no están instruidos o simplemente que no leen ni libros ni periódicos y no saben diferenciar lo que es una noticia de un cuento. La posverdad es otra forma de engañar, pero más refinada porque activa el mecanismo de la credibilidad, a través de un personajillo público que expresa su opinión, con emoción y sin amparo en la realidad o en la verdad. La propaganda del independentismo esta preñada de esas posverdades. “Los catalanes desean la separación de España” y además repetido hasta la saciedad por otros muchos y sin apenas réplica de mensajes en contrario. Los incautos y los pardillos se lo acaban creyendo.

Me permito ahora realizar como periodista algunas recomendaciones para detectar que nos engañan. No es fácil, pero hay algunas alertas que nos pueden ayudar.

La primera es saber dónde las lee. Aquí se que hago una defensa a ultranza de nuestro periodismo serio. El prestigio de las cabeceras y los años de credibilidad del medio. Ahora sí que es más necesario que nunca leer los periódicos y las revistas acreditadas en el mercado. Cada día surgen medios de todo color y condición con las cabeceras más sugerentes y con un atractivo especial en la configuración digital que parece que estamos ante el Financial Times. De hecho, se copia la maquetación de los medios serios para dar esa sensación de credibilidad.

Los titulares desgarradores. Un diario verpertino madrileño allá por los años 60 tituló a toda página “Ha estallado la guerra”. Líneas más abajo y en letra menuda añadía “en el Congo”. Ahora es frecuente titulares de este jaez, que cuando lees piensas “no es para tanto”. Pero ya se ha conseguido lo más importante en el mundo digital: que cliques, que pinches, ya eres lector y ya eres una vista más que se suma para que el medio sea merecedor de publicidad.

Lea, si lee, de forma crítica e incluso descreída. Esto requiere callo de lector. Compruebe la firma. Si está firmada la noticia, ya es algo. Hay un responsable. Lea hasta el final para detectar contradicciones o aclaraciones de algo alarmista y sobre todo desconfíe cuando se ataca despiadadamente a alguien. También, la loa desmedida es sospechosa.